jueves 6 de noviembre de 2008

La continuacion espirtitual

“Almas en la sabana”

Por: John P. Mendel

“Eran ojos hermosos, resplandecían tocándome hasta lo más íntimo. Ojos cautivadores que hacían que la paz no fuese nada comparado a mi deseo de mirar y admirar tan bella luz”.

Atardecía en la sabana, era oscuro ya para el joven y perdido natzala, sus grandes y asustados ojos no se diferenciaban a los de sus ya muertos hermanos kilómetros atrás… pocos quedan como él, en este mundo de pocas oportunidades, la vida de uno de los de su especie, vale mas que la de millones de hombres y mujeres que pisan la tierra hoy…

La escasa luz seguía desapareciendo, tal y como caen las arenas de un reloj, solo pensaba en su muerte…

Sus orejas se levantaron de improviso, y lentamente se giro hacia su espalda, creyó sentir por ultima vez la hierva debajo de las garras de sus patas… pero así fue, como por primera vez, contemplo esos ojos, como una luz suave y al mismo tiempo potente y excitante, los miró hipnotizado, como si su vida dependiera de ello.

Aquellos ojos se le acercaron lentamente, hasta que los vio tan cerca como a su propia nariz.

-¿Qué hace un joven guepardo solo y sin su madre? – preguntó la voz de aquel ser.

El joven natzala no respondió, solo miró aquellos ojos aun hipnotizado.

-¿me escuchas? – le preguntó otra vez.

El joven Natzala se alejó unos pasos atrás, pero no quiso correr… aquella decisión marcó su vida completamente.

-todo mi familia está muerta – dijo despacio.

Aquellos ojos se abrieron aun más, producto del asombro.

-¿has sobrevivido a esos salvajes?

-eso creo, Corrí como nunca, esperaba que mis hermanos me siguieran, pero ninguno pudo escapar.

-has sido muy afortunado…y dime, ¿Cuál es tu nombre pequeño guepardo?

-Mi madre me llamaba natzala, yo era el mayor.

Los ojos se alejaron unos metros y el cuerpo de aquel bello animal se mostró en un claro de luna.

-eres un león – dice natzala.

-mi madre también ha muerto, mi padre fue herido gravemente, debe estar agonizando…he escapado al igual que tu.

-¿fueron ellos? ¿Esos salvajes de dos patas?

-sí, soy como tú, huérfana.

-¿Cómo te llamas? – le pregunta el joven guepardo.

-me llamo Tiane.

El joven guepardo la contemplo, era una leona joven, casi adulta, sus caninos brillaban en la oscuridad, como las garras de sus propias patas.

Natzala aun era un adolescente, y un poco pequeño para su edad, pero tenia músculo fuertes y elásticos, por lo que era muy veloz a pesar de su tamaño.

Aquellos ojos lo seguían mirando, cerró los suyos unos momentos, solo para pensar un poco, y en pocos segundos pudo sentir algo nuevo, pero que al mismo tiempo era familiar y agradable.

-¿natzala? – le pregunta la joven leona. -¿puedo acompañarte esta noche? – le preguntó algo asustada.

El guepardo la seguía mirando, pero pensó e imaginó… -somos dos huérfanos tiane, tal vez nuestra compañía nos ayude a sobrevivir.

Tiane dejo de mirar a natzala, se le acercó y lo acaricio con su cabeza, comenzó a ronronear suavemente.

-somos dos huérfanos – dice tiane.

El sol despertó los ojos del joven natzala, sentía un calor y un peso junto a él, no estaba muy despierto y al abrir los ojos se asustó por unos segundos al ver a la joven leona dormir a su lado, esta estaba profundamente dormida.

Natzala se levanta suavemente, el viento no muy frió de la mañana lo saludaba, este se estira, y sube aun mas por una delgada rama donde habían dormido toda la noche.

Comenzó a contemplar todo el horizonte, su espectacular vista le permitía ver a largas distancias, notó una manada de elefantes al norte, caminaban tranquilos en busca de charcos de agua, pero no pudo divisar ninguna presa posible para sus características físicas. Intentó recordar a su fuerte madre, sus enseñanzas y consejos.

-¿Qué haces allí? – le pregunta Tiane de improviso, este se desconcentra y pone la mirada en los ojos de la leona, contempla su cuerpo, sus colmillos y cola…era bastante grande comparado a el.

-estoy buscando un posible desayuno.

-comida ¿de eso hablas? – Hubo un silencio - ¿comida buscas desde allá arriba?

-sí.

-¿Qué quieres? ¿Pájaros? – le pregunta algo burlesca.

-¿Por qué no subes y me ayudas? – Le dijo Natzala – veras mucho mejor desde aquí.

-Apenas he podido subir este árbol la noche de ayer – le dijo – y además ¿para qué quiero yo un maldito pájaro? los leones no necesitamos de las alturas para encontrar comida como tu dices, usamos el olfato, estrategias e incluso la mismísima suerte.

-¿con que suerte? Parece que no has tenido mucha de ella últimamente – le dice algo molesto.

Tiane baja del árbol sin decir nada, natzala la queda mirando, y baja apresurado - ¿Dónde vas? – le cuestiona siguiéndola.

Tiane mantiene el silencio y continúa caminando.

-yo tampoco he tenido mucha suerte…tiane, por eso debemos valernos por nosotros mismos…

-ya sabrás por que te lo estoy diciendo – exclama tiane mientras camina hacia una basta planicie de la sabana africana.

Natzala se detiene y no la sigue, pero queda pensando en su madre, comienza a mirar el cielo, estaba despejado. Vuelve a mirar a tiane, esta continuaba caminando.

-¡Tiane! – le llama desde lejos, comienza a trotar para alcanzarla.

-¿has cazado alguna vez? – le pregunta ella.

Natzala ahora caminaba junto a ella, comenzaba a recordar…

Tiane esperaba su más obvia respuesta - ¿lo has hecho? ¿Has cazado?

-mi madre me traía pequeñas gacelas.

-¿has cazado alguna vez natzala? – le pregunta interrumpiéndolo.

-no – le responde.

Los dos felinos caminaban ágilmente, por pastos secos y largos, estaban callados, como si los dos intentaran creer que iban en compañía de sus madres, pero cuando miraban a su lado, volvían a la realidad…

Cada uno volvió a aquellas enseñanzas y cuentos que les relataban sus propias mamás…Natzala recordó, como hace unas semanas, un grupo de leonas le quitaron la presa recién cazada a su madre, que con tanto esfuerzo capturó y mató para poder vivir.

-mi madre de verdad que los odiaba a tu especie, no se podía explicar como seres tan corpulentos, perezosos y tontos aun siguieran existiendo en esta época.

-¿perezosos, tontos? De verdad que no nos conocía Natzala, somos más que oportunistas.

-siempre me ponía a ver como ustedes se organizaban para atacar a un ñu, disfrutaba completamente, mientras que mi madre criticaba los errores y las decenas de intentos fallidos.

-perdí a toda mi manada, mi familia, a todos los míos, ahora me pregunto, ¿Por qué he quedado tan desvalida? – Se preguntó Tiane en voz alta, Natzala le miraba extrañado, segundos después, él se mira sus garras y las compara con las de la leona.

-si te sigues lamentando no lograras sobrevivir.

-tal vez no quiero sobrevivir.

-¿y faltar al principio básico, a nuestro instinto mas intimo y propio?

-¿Cuál es el motivo para seguir?
-podrías salvar dos vidas al mismo tiempo, la tuya y la mía.

Tiane queda en silencio, miraba al horizonte, intentaba oler algo a lo lejos, después contempla los ojos de Natzala, y le surge una pregunta, tan intima y existencialmente propia, que deseó guardarlo en los más profundo de su mente.

-¿Qué dices? ¿Sobrevivamos? – Le preguntó Natzala.

Tiane asiente con la cabeza, acompañada de una delicada sonrisa felina.

Los pocos animales inteligentes, capaces de preguntarse ¿por que un guepardo y una leona conviven como cualquier familia? Estaban confundidos y curiosos por esta nueva relación.

Hace poco días, dos jóvenes felinos, una leona y un guepardo fueron divisados en normal compañía, no se sentían fuera de lo normal o lo natural, por que no había razón para que los leones estuviesen en profunda enemistad con los guepardos, aunque en un ambiente tan hostil, salvaje y de pocas oportunidades, a veces las especies son obligadas a reaccionar de aquella manera.

Natzala no era un niño, pero aun no era un adulto. En plena adolescencia conoció a tiane, aquella que tuvo la oportunidad de matarlo para sobrevivir algunos días, pero en vez de usar sus fuertes garras y en vez de clavar sus largos colmillos en aquel fino cuello felino, decidió preguntar… a Natzala y a su corazón.

Tiane descansaba bajo una sombra, llevaba muchas horas durmiendo, pero natzala acaba de llegar de una larga caminata por su nuevo y humilde territorio.

Desde lejos la observó dormir, se veía tan inofensiva y dulce que decidió dejarla tranquila.

Se acercó a un gran montículo, un nido de termitas africanas, lo subió ágilmente, y se sentó a mirar el horizonte, podía ver una gran variedad de entes y cosas inertes, animales, nubes lejanas… podía contemplar a tiane desde aquella posición, podía darse el lujo de cerrar sus ojos y sentir la brisa que acariciaba su bello y delgado cuerpo.

Al abrirlos, su vista periférica le mostró una silueta que se acercaba aceleradamente, pero el ya conocía el correr de Tiane.

-¿sigues buscando pájaros? – le pregunta la leona, se detiene y lo queda mirando.

El joven guepardo natzala se quedo mudo y solo miraba el horizonte.

-¿Quién te enseño esto?

Natzala siguió mirando el horizonte – ella siempre subía estos montículos para mirar. Cuando yo era pequeño, siempre la contemplaba largos minutos, mientras ella buscaba algún alimento posible. Pero un día ella me descubrió, me miró extrañada y después miró a mis hermanos jugando, me dijo que subiera. Fue la primera y última vez que miramos el horizonte los dos juntos… es como si hubiésemos nacido para esto.

Tiane se le acerca e intenta subir.

-¿Por qué no subes de una vez?

-eso intento.

La joven leona saltó apresurada, pero en un equivoco intento resbala y cae rápidamente al suelo.

-eres muy pesada – le dice natzala, mientras tiane seguía intentando subir, pero en un momento se rinde y se sienta algo molesta a mirar a natzala.

-¿Por qué no me enseñas algo que te sea propio? Algo que nunca podría yo hacer – le pidió el joven guepardo.

Tiane piensa unos segundos, cierra sus ojos abre su mandíbula y un fuerte rugido hacer caer a natzala del montículo intacto al suelo, pero muy impresionado.

-eso es algo… bastante, ¡escalofriante! – le dice impresionado.

-se siente bien. Además ya sé cómo hacerte bajar de allí si no quieres – le dice sonriendo.

Los dos felinos caminan lentamente, hablando de su próxima táctica de caza, era mediodía, y la sabana estaba muy callada, incluso exenta del canto de los pájaros.

Tiane le hablaba, pero natzala solo la miraba, contemplaba su caminar, un movimiento hipnótico y perfecto, los ojos de Tiane no miraban los de natzala, pero el sabia que ella pensaba en él, sabia que aun tenia en la cabeza el concepto de dos felinos de diferente especie conviviendo como familia, algo nunca visto en la sabana.

Dos días después…

-¿ves esos elefantes? Se creen reyes, pero no tienen ninguna gracia, solo comen esos aburridos árboles y caminan lentamente, como si creyeran que su movimiento es bonito, he visto algunos, en las lejanías de la sabana, ayudando aquellos salvajes.

-¿elefantes? Nunca me he puesto a verlos bien, pero tampoco les encuentro gracia – dice Tiane.

-¿te gustaría cazar uno? – le dice natzala riendo.

-¿de qué hablas? es como un sueño, una meta digna para todo cazador – le dice tiane.

-velocidad y garras, contra fuerza bruta, sumada con toneladas y toneladas de elefante… no nos conviene – dice Natzala.

-tú lo has dicho – exclama Natzala.

-aun así no tienen gracia.

Tres días después…

-sabes Natzala, alguna vez has pensado en…

-¿Qué cosa? – le interrumpe.

-es difícil de preguntar, por que no se como explicarlo.

Natzala la mira, mientras levanta lentamente su cabeza del lomo de tiane.

-¿alguna vez has pensado o tal vez imaginado, que eres algún otro ser?

-¿otro ser?

-a ver, por ejemplo, ¿has pensado alguna vez que fuiste un león?

-¿un león? ¿Cuándo?

-no lo se, tal vez antes de ser guepardo.

-me acordaría si hubiese sido un león…

-digo, en otra vida…

Natzala abre los ojos y queda pensando.

-¿Cómo es eso? Es extraño – dice bostezando.

-¿Cómo sabes si alguna vez fuiste un león? Tal vez hace muchos años, antes de que fueras un guepardo fuiste un gran león, con una bella melena y con una gran manada a la que tendrías que haber cuidado.

-pero sabría algo de los leones ¿no lo crees?, sabría algo al nacer, ¿no crees? ¿Cómo es posible olvidar todos esos años?
-¿Cómo sabes si alguna vez yo fue una guepardo? Con fuertes músculos en mis piernas, y con los que pude haber corrido a gran velocidad, incluso más que tu…

-sabrías algo de mi, me contarías como hubiese sido la experiencia de ser un guepardo.

-no valdría la pena recordar lo de la otra vida…

-¿Por qué no?

-por que… ¿no seria mejor nacer con la mente en blanco? Piénsalo, si algún día mueres, y naces como otro ser, ya sea un guepardo, un elefante, un salvaje, lo que sea, ¿no te gustaría olvidar aquel trauma? Tú sabes…

-pero…

-¿Cuál seria la idea de nacer como una guepardo si tienes la mente de un león?
-tienes razón, no tiene sentido…

-pero la duda es, si es que aquel suceso existe o no…

-no me lo había planteado, pero hay algo curioso… una vez, me puse a pensar en que se sentiría ser uno de esos salvajes, caminan en dos patas, son lentos y débiles comparado a nosotros… pero tiene la capacidad de matar elefantes, matar leones.

-¿te gustaría ser como ellos? A pesar de que mataron a…

-no estoy diciendo eso, me refiero a que son tan misteriosos, tan fuera de este mundo.

-son una epidemia Natzala, como un veneno para todo lo que convive en equilibrio aquí.

-todos somos asesinos en la sabana, pero lo hacemos por necesidad – exclama natzala.

-ellos rompen la armonía y la normalidad ¡que escalofríos! – dice tiane tiritando.

No fue la falta de comida, ni la falta de amor, solo el simple hecho de querer sobrevivir. Genuinos de corazón, físicamente jóvenes… caminan juntos por los pastizales secos de la sabana, buscan el camino a la adultez, buscan ser como sus madres querían que fueran.

Dos meses después…

Unas garras afiladas, ojos penetrantes, músculos jóvenes, perfeccionados y potenciados al límite, una respiración suave pero profunda a la vez, con la concentración a su punto de ebullición.

Natzala se despierta exaltado y asustado, su respiración estaba muy agitada.

-¿Qué te sucede? – le pregunta.

-no lo sé, no sé qué fue lo que vi…

-tuviste una pesadilla.

-una muy extraño…

-¿Qué sucedía?

-recuerdo muy poco, pero tengo una sensación de dolor y desesperación, pero también de calma – natzala se concentra en los ojos de tiane, y comienza a calmarse completamente.

-cuéntamelo – le dice tiane.

Natzala no responde y mira los ojos de la leona, estaba hipnotizado.

-¡natzala! – el guepardo reacciona.

-hay algo en tus ojos…

-¿mis ojos?

-no se que me ocurre, cuando los miro me sucede algo…

La leona no dice nada.

-¿tiane?

-¿Qué sucede?

-soñé que era uno de esos salvajes, estaba en la sabana, completamente solo, completamente abandonado.

-¿un salvaje?

-si…de pronto, comienzo a sentir un dolor en mi lomo, un dolor intenso, este me hace caer fuertemente al suelo.

La leona escuchaba atenta.

-pero de pronto, llegas tu, suavemente te me acercas y me miras fijamente.

-¿yo?

-el dolor comienza a cesar y tu te vas…

-que sucede después…

-te intento seguir, pero no puedo, no puedo, por que ya no era guepardo, era un salvaje, y debía volver con los míos.

-es muy interesante natzala – el guepardo se le acerca a tiane y apoya su cabeza cerca de la tiane.

-¿Qué sucede con nosotros dos? – le pregunta natzala.

-¿tal vez comiste mucho?

-hay algo especial en tus ojos, pero no se lo que es.

Pasaron muchos días, muchas semanas, muchos meses. De jóvenes felinos con ganas de conocer el arte de la caza, pasaron a ser dos adultos inseparables, sabios y perfeccionados.

Aquel sueño de natzala, se volvió un recuerdo muy profundo para los dos felinos, aunque nunca le encontraron relación.

Eran completamente el uno para el otro, nacidos para conocerse, nacidos para estar juntos… se miraban y se reían, jugaban como pequeños gatitos, cazaban sabiamente, siempre lo justo y lo necesario.

Los dos se habían convertido en una especia hibrida, creado por ellos mismos, tenían su propia manera de ver la vida, sus propias bromas, sus propias técnicas, pero los dos se amaban de una misma manera.

Tiane se adelanta rápidamente, Natzala le miraba desde lejos, reía y sentía la brisa en su cuerpo.

-¿Por qué no hacemos una carrera? – le grita proponiéndole tiane desde lejos.

-esta bien, aprovecha que te he dado ventaja.

-bien, ya empecé – le grita la leona y comienza a correr.

-eres una tramposa – le grita y comienza a correr también.

La leona, mucho mas pesada y lenta, corría lo mas rápido que ella podía, pero el delgado natzala ya casi la alcanzaba.

-ya verás.

-hasta aquel árbol – grita tiane.

-¿Cuál? Hay muchos.

-aquel que… - tiane se detiene en seco.

Natzala sigue corriendo – te has cansado antes que yo, ya estas vieja.

-¡natzala! Ven – le grita tiane, el guepardo mira hacia el frente… su mayor trauma, su mayor miedo, se le había aparecido en frente de sus ojos.

-¡natzala! Corre hacia mí.

Natzala se giró y corrió lo mas rápido que pudo, la leona lo miraba, hasta que oyó un disparo… algunos pájaros muy asustados huyeron de sus árboles.

-¡natzala! – grita la leona.

-tiane corre – natzala se le acerca y pasa corriendo junto a ella, la leona le sigue lo mas rápido que puede.

-¡vamos! – le dice tiane.

Se oyen más disparos.

-a ese árbol – grita natzala.

Los dos llegan a un árbol, intentan esconderse de lo que los seguía.

-¿tiane? ¿Qué sucede?

La leona estaba muy asustada. De pronto, la masa metálica los sorprende y comienza acercase a ellos, los dos felinos se dan cuenta y reaccionan inmediatamente.

-¡tiane! – Le dice natzala – ven.

La leona no podía moverse.

-olvídalo, eso no nos ocurrirá, no a nosotros.

-pero…

-recuerda todo lo que hemos visto, todo lo que hemos pasado.

-esta tan cerca…

-el rinoceronte, ¿recuerdas? Casi muero esa vez, ¿recuerdas como nos reímos después?

-como olvidar tu cara.

-recuerdas cuando me viste por primera vez… asustado, llorando…

-yo estaba asustada también.

-tu decidiste si podíamos seguir, tu no me mataste, por que viste algo en mi.

-si.

-ahora mírame, ¿Qué ves?

-la masa se ha detenido.

-no, a ellos…

-veo a un salvaje.

-mírame.

-se acerca a nosotros, nos va a matar, igual que a nuestras madres.

-mírame tiane ¿recuerda lo que viste en mi?

-esta tan cerca.

-tiane, ¿Qué viste?

-algo que nunca había sentido, cuando estas cerca de mi, me siento como si te conociera de toda la vida, he incluso mas.

-yo también siento eso tiane, yo también.

-se detuvo.

-¡mírame! Saldremos corriendo a las tres….uno…dos…y… tres.

Los dos felinos salen corriendo de improviso, corren lo más rápido que pueden, en esos momentos, después de escuchar más disparos, se reúnen en otro árbol, para poder descansar unos segundos.

-natzala, ¿estas bien?

-eso creo, ¿tu?

-bien…

Los leones quedan en silencio.

-¿Qué sucede? ¿Por qué los salvajes nos buscan?

-no tengo ni idea.

-algo esta pasando, hay muchas de esas cosas extrañas, no son animales, pero se mueven, y llevan dentro de ellos a los salvajes.

-¿Qué haremos?

-¡natzala cuidado! – se oyen dos disparos, uno tras otro.

-¡corre! ¡Corre! – le grita tiane.

-estoy cansado, no puedo mas -.dice corriendo junto a ella, esta vez, escucha muchos disparos a lo lejos, tantos, que su corazón latía muy fuerte, producto de la desesperación y miedo

Los dos felinos se reúnen escondiéndose bajo unos matorrales.

-están cerca, los puedo oír – dice Tiane.

-recupera el aliento por favor – dice agitado. Natzala comenzaba a desesperarse aun más -por favor, recupérate. Natzala la miraba, pero sus ojos no creían lo que veían.

-natzala, me duele mucho el lomo.

-no lo digas.

-natzala…

-no digas nada, no ha pasado nada.

-tonto, solo me duele el lomo.

-cállate tiane, debe ser alguna pulga asustada, nada mas.

-natzala.

-por favor tiane, cállate, no es nada…

-tengo un poco de frio…

-acabamos de correr mucho, estamos en la sabana tiane, no hace frió…tiane, ¡mírame! No te sigas lamiendo…Mírame por favor.

-son dos…

-mírame – le dice natzala.

-son dos, se han bajado de aquella cosa.

-no seas terca, mírame – le dice asustado.

-tengo frió, mucho frió, me duele el lomo…

-no te sigas lamiendo tiane… mírame… es tu imaginación… El guepardo le lame la cara suavemente – es solo el miedo. Pasará, ya verás…

-tuve un sueño, hace unos días…

-¿un sueño?

-estabas en el… yo era una salvaje, y te encontraba solo en la sabana, estabas llorando, eras pequeño… tus garras no podían dañarme, y tus patas no eran lo suficientemente fuertes para correr de mi.

Natzala la miraba.

-me mirabas hipnotizado, me acerco a ti, y lames mi cara, y ronroneabas a ratos.

Natzala se gira y escucha los pasos de los salvajes – están cerca.

-mírame natzala, estoy segura que esto no es el fin… no para nosotros.

-quiero irme contigo, no te dejaré sola, nunca.

-mírame natzala, cuando te encontré no podías correr, solo podías mirarme a los ojos.

-tiane, me quedaré contigo.

-ahora te miro, ahora te encuentro, y puedes correr mas rápido que yo, pero ya no podrás mirarme.

-tiane… no podría seguir sin la luz de tus ojos.

-corre por favor, te juro que algún día podrás mirarme otra vez, por que yo también lo quiero.

-están ya muy cerca.

-júrame que correrás – dice llorando.

-tiane, están ya muy cerca, ¡no puedo!

-¿Qué hace un joven guepardo sin su madre? Te pregunté un día, y creo que sabes la respuesta…

-¡me quedaré!…

-corre – la leona suavemente posa su cabeza en el suelo, respira por ultima vez.

-Tiane mírame, están ya muy cerca, ¿tiane?

El guepardo se levanta llorando, aun tenía tiempo para escapar, pudo haberlo hecho hace muchos minutos, pero no quería dejar sola a Tiane…

-te lo juro… - el guepardo corrió como nunca, corrió como para lo que fue hecho… nacido para verse como una silueta en la sabana, que busca su libertad y que algún día la encontrara.

Natzala nunca la olvidó, nunca pudo olvidar sus ojos… aun debe seguir en la sabana, pensando en el significado de aquellos extraños sueños… a veces siente soledad, a veces se sienta ha sentir la brisa y a imaginarse a una leona y sus ojos tan cerca de su cuerpo, tan cerca de su ser.

A veces él cree que despierta en las mañanas junto a ella, a veces cree que la rama debajo de su cabeza, es el suave lomo de tiane, pero solo son ilusiones…a veces cuando mira la luna, piensa que es la luz de sus ojos. Desea dormir junto a su lado, desea cazar junto a ella, desea jugar con ella…

“sus ojos dejaron de tener aquel brillo, aquella pasión, aquella energía que llenaba mi ser. Me di cuenta, que ella ahora me esperaba en otra parte… pero antes, yo debía vivir, debía correr… no quiero quedarme, porque ella me dio la oportunidad de ser libre, me regaló la capacidad de desear y guiarme por mi propia voluntad…

Aunque a veces creo que debí de haberme ido con ella…

A veces lloro, a veces cierro mis ojos y creo que esta junto a mí, pero no es que yo lo crea o lo invente, ella esta junto a mí, por que todas las noches sueño, que me cuida y me mira desde los árboles, desde la luna, desde mi corazón.

Soy ya un guepardo viejo, y aun no puedo olvidarla, pero no me entristezco,

Siento un dolor en mi lomo, casi no puedo moverme, la luz se apaga lentamente, y aquellos ojos permanecen en mi mente”